«No queremos dejar de soñar» fue una de las frases pronunciadas en su discurso por José Luis Adalid, alumno de Programas Profesionales que ayer se graduó junto a sus compañeros, alumnos de Servicios Administrativos y Generales y Actividades Auxiliares de Comercio del Colegio María Corredentora. Una ceremonia que empezaba con una Eucaristía presidida por el capellán del colegio, Miguel Campo, y continuaba con un acto académico en el que el equipo directivo del centro acompañado de la directora del Colegio Claret, Camino Rodríguez de Sadia, impusieron las becas a una veintena de alumnos y alumnas.
La presencia de la representante del Colegio Claret se enmarca en el aula estable que el Colegio María Corredentora tiene en este centro y de la que se graduaban dos alumnas, Sol y Blanca.
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Pasadas las cinco de la tarde arrancaba la Eucaristía de Graduación en la que el Padre Miguel Campo daba la bienvenida a las familias recordando lo vivido a lo largo de estos años. La Misa estuvo marcada de momentos de nostalgia, en los que familias y alumnos volvieron a escuchar la música que acompañó el día de su Primera Comunión, recordamos el paso por las aulas y espacios del colegio a través de una maleta llena de símbolos que estuvo presente en el ofertorio, y se hizo de forma simbólica el relevo a los alumnos de segundo ciclo, «nos vamos pero, seguimos en contacto».
Un acto académico de graduación convertido en un crucero con unos pasajeros muy especiales
Concluida la Eucaristía, arrancaba el acto académico presentado por Isaac González, profesor de Programas Profesionales en Operaciones Básicas de Cocina, quien convertía el escenario del salón de actos en un crucero con un rumbo por descubrir, la nueva etapa que se abría ante los inminentes graduados. Tras recibir a los protagonistas, llegó el momento de escuchar la intervención de toda la tripulación implicada en haber llegado a buen puerto.
Tras el saludo de Cristina Gerechter, directora del colegio María Corredentora, quien recordó todos los aprendizajes que los alumnos dejan en el equipo del centro y lo vivido en estos años, llegó el momento de «las reseñas de experiencia» de la mano de Sergio Navarro, exalumno, quién recordó a los graduados que «en la vida ahora no habrá dieces como en un examen, pero sí aprendizajes en el trabajo de la mano de sus compañeros, la necesidad de pedir ayuda, dejarse ayudar y ofrecerla a los demás», y sobre todo, les animó a seguir esforzándose para superar los retos que tengan por delante.
Pablo Aparicio, profesor de Talleres Formativos, aseguró que «el mundo os necesita tal y como sois, con su risa, con su bondad y con su forma de ver la vida», y señaló que más que una ceremonia de graduación el acto de este miércoles era un «homenaje a cada uno de vosotros a los pasos dados hasta recorrer el camino que os ha llevado hasta aquí».

Antes de la intervención de la presidenta de la Asociación de Antiguos alumnos, José Luis Adalid, alumno graduado, subió al escenario para destacar que «estamos orgullosos de las personas en las que nos hemos convertido gracias a vuestro apoyo», añadiendo «no queremos dejar de soñar, muchas gracias por acompañarnos en este día tan importante, el día de nuestra graduación, os queremos».




