DISCAPACIDAD INTELECTUAL Y SALUD MENTAL: LA IMPORTANCIA DEL ÁMBITO EDUCATIVO

20 de abril de 2024

El grado de discapacidad intelectual de una persona viene determinado no sólo por su cociente intelectual, sino también por su capacidad de adaptación a los distintos entornos o ámbitos que forman parte de su vida.

Sus capacidades adaptativas incluyen las destrezas o habilidades que dispongan para: afrontar cambios, establecer relaciones saludables con otras personas, ser asertivos, controlar sus emociones, y manejar el estrés y los distintos retos que puedan acontecer en sus vidas. En definitiva, las capacidades adaptativas son las competencias propias con las que cada persona funciona en su vida diaria y que incluyen el grado de capacidad para cuidar de uno mismo y realizar sus tareas cotidianas en cada uno de los ámbitos de la vida de la persona.

El bienestar emocional y la salud mental de la persona con discapacidad intelectual son fundamentales para su desarrollo y el fomento de su capacidad de adaptación en su día a día, siempre teniendo en cuenta que cada persona es única con sus capacidades y circunstancias. Las fortalezas y debilidades de cada individuo con discapacidad no sólo tienen que ver con su herencia genética, sino también con la influencia determinante de los factores ambientales y educativos. En este sentido, es relevante tener en cuenta esta interacción entre genética y el ambiente que rodea, para que logren el mayor bienestar emocional y desarrollo personal posibles.

Son diversos los factores que conviene tener presentes para la promoción de la salud mental en las personas con discapacidad. Entre ellos destacan:

1.- Tener una identidad bien establecida junto con una buena autoestima.

2.-Disponer de relaciones familiares y sociales (tanto con iguales como en entornos inclusivos), que posibiliten que la persona se sienta querida, aceptada y valorada. Las experiencias en el ámbito académico y de ocio fuera del entorno familiar son de vital importancia en términos de fomentar su estabilidad emocional.

3.-Contar con los apoyos necesarios: un centro escolar de educación especial o específica supone para muchos niños con discapacidad la posibilidad de disponer de los soportes precisos para fomentar su mayor desarrollo posible, tanto en el ámbito académico como personal, y por lo tanto favorecer su bienestar emocional.

En niños y adolescentes con formas leves o moderadas de discapacidad intelectual, es común observar la presencia de retos a nivel psicológico y emocional que suelen incluir: baja autoestima, dificultad para tolerar frustraciones, dependencia interpersonal y estilos rígidos de comportamiento o en la resolución de problemas. Estos niños son conscientes de sus diferencias académicas en comparación con otros chicos de su edad. Y experimentan en ocasiones unas vivencias repetidas de fracasos y frustración, al no cumplir con las expectativas que se generan en su entorno, o al no llegar a adquirir el mismo rendimiento académico o funcional de los niños que les rodean. Esto puede derivar en ocasiones en comportamientos disfuncionales, malestar emocional o vivencias de estrés. Es importante que reciban el apoyo y acompañamiento adecuados para enfrentarse a sus propias limitaciones, aceptarse y quererse tal y como son, pudiendo reconocer también todas sus fortalezas y numerosas capacidades con las que cuentan, y que pueden ir desarrollando a lo largo de la vida.

Sin lugar a dudas, para muchos niños y adolescentes con discapacidad intelectual, un Centro de Educación Especial  puede reportarles beneficios. Cualquier niño que no esté escolarizado en un entorno educativo adecuado para él, puede presentar una alteración en su bienestar emocional. En términos ideales, un sistema de apoyo sólido y lo más especializado posible en el ámbito educativo, puede ser un factor “protector o preventivo” en lo que respecta a su bienestar emocional o salud mental. Por lo tanto, en ocasiones puede ser necesario que la persona se eduque en un entorno especializado que brinde relaciones con pares en circunstancias similares, y los apoyos adecuados según las necesidades de cada discapacidad.

Mari Carmen Ortega,  Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica, Clínica de Navarra

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