Un pequeño gesto puede cambiar la vida de una persona y contagiar a una sociedad entera. Eso es lo que hemos recordado hoy en el Colegio María Corredentora al celebrar la Fiesta de la Compasión. Una fecha en la que hemos recordado a tantas y tantas mujeres que dedicaron su vida a enseñar y compartir el amor compasivo de Jesús allá por donde iban, y hemos aplaudido a las que hoy siguen haciéndolo.
Hoy en nuestra capilla hemos tenido a una pequeña representación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión. Mari Cruz, Socorro, Olga, Inmaculada, Merche, María Jesús, Piedad, Josefa, Beatriz, Rafaela, Conchita, Leonor, Carmen y Elena, superiora general de la Congregación.

En una celebración organizada por el Primer Ciclo, hemos recibido una carta desde el corazón de la Compasión. En ella nos presentaba a dos pequeñas mensajeras que recorrían el mundo sembrando semillas de Compasión en aquellos países en los que, a lo largo de la historia, la congregación ha estado presente.

Para terminar, las hermanas de la Compasión han subido al altar para recibir el cariño y el aplausos de los profesionales, y cantar todos juntos el Himno de la Compasión.
La eucaristía nos ha servido para recordar la historia de los fundadores, Mauricio Garrigou y Juana María Desclaux, su anhelo por ayudar a los que más los necesitaban y ofrecer una educación a quienes no podían acceder a ella.



